martes, 8 de octubre de 2013

La lucha por la emancipación femenina en los movimientos de la clase trabajadora

La lucha por la emancipación femenina en los movimientos de la clase trabajadora

Uno de los mejores ejemplos de cómo la lucha por el cambio puede acarrear cambios reales y duraderos en la sociedad es la gran mejora en el status de la mujer, sus derechos y calidad de vida; todos logros que la lucha por la liberación femenina ha alcanzado en varios países alrededor del mundo. Sin esta lucha (que yo llamaré feminismo a pesar de que no todos y todas las que lucharon contra la subordinación femenina se habrían identificado como feministas), las mujeres claramente no habríamos logrado los gigantescos avances que hemos tenido.

Históricamente, la lucha por la emancipación femenina fue evidente dentro del movimiento anarquista y otros movimientos socialistas. Sin embargo, como un todo estos movimientos tendieron a tener una relación de alguna manera ambigua con la liberación femenina y otras luchas feministas más amplias.

Aunque siempre ha sido central al anarquismo el énfasis en la abolición todas las jerarquías de poder, el anarquismo tiene sus raíces en la lucha de clases, en la lucha para derrotar al capitalismo, con su aspiración finalista de crear una sociedad sin clases. Como la opresión de las mujeres no está tan íntimamente atada al capitalismo como lucha de clase, la liberación de las mujeres ha sido históricamente y en gran medida continúa siendo vista como un objetivo secundario en la creación de una sociedad sin clases, no tan importante o tan fundamental como la lucha de clases.

¿Pero a quién no le es importante el feminismo? De seguro para la mayoría de las mujeres en los movimientos socialistas la suposición que una transformación profunda en las relaciones de poder entre mujeres y hombres era parte del socialismo era vital. De todas maneras, tendía a haber más hombres que mujeres activos en los círculos socialistas y los hombres jugaron un rol dominante. Las demandas de las mujeres fueron marginadas por la primacía de la clase y también porque mientras los temas que afectan a los trabajadores también afectan a las trabajadoras de manera similar, lo mismo no era cierto para las temáticas particulares de la opresión de la mujer como sexo. La igualdad social y económica de la mujer era a veces vista como algo que entraba en conflicto con el interés material y las comodidades del hombre. La igualdad de las mujeres requería profundos cambios en la división de tareas tanto en el hogar y el trabajo como cambios en todo el sistema social de autoridad masculina. Para lograr la igualdad de las mujeres una reevaluación de la propia identidad debería también hacerse en la que la "identidad masculina" no pudiera ya depender de ser visto como más fuerte o más capaz que la mujer.

Las mujeres tendían hacer la conexión entre la emancipación política y personal, con esperanzas que el socialismo produciría una mujer nueva y un hombre nuevo al democratizar todos los aspectos de las relaciones humanas. De todas maneras, encontraron muy difícil, por ejemplo, convencer a sus propios compañeros que la desigual división del trabajo en el hogar era un tema político importante. En las palabras de Hannah Mitchell, activa socialista y feminista de principios del siglo XX en Inglaterra, sobre su doble turno de trabajo afuera y adentro del hogar:

"Incluso mi descanso dominical se fue ya que pronto descubrí que gran parte del discurso socialista sobre la libertad era sólo discurso y que estos jóvenes hombres socialistas esperaban cenas de domingo y té con grandes tortas caseras, patés de carne y pasteles exactamente como sus compañeros reaccionarios."(3)

Las mujeres anarquistas en España en la época de la revolución social en 1936 tenían quejas similares al encontrar que la igualdad hombre-mujer no se llevaba bien con las relaciones personales íntimas. Martha Ackelsberg anota en su libro Mujeres Libres de España que aunque la igualdad de las mujeres y hombres fue adoptada oficialmente por los movimientos anarquistas españoles tan temprano como en 1872:

"Virtualmente todas mis informantes se lamentaban de que, sin importar cuán militantes fueran en las calles, hasta los anarquistas más comprometidos esperaban ser "amos" en sus hogares -una queja que hizo eco en muchos artículos escritos en diarios del movimiento y revistas durante este período."

El sexismo también ocurría en la esfera pública, donde, por ejemplo, las militantes mujeres a veces encontraban que no eran tratadas seriamente ni con respecto por sus camaradas hombres. Las mujeres también enfrentaban problemas en su lucha por la igualdad dentro del movimiento sindical en el siglo XIX y XX, cuando la situación desigual de hombres y mujeres en el trabajo pago era un tema incómodo. Los hombres en los sindicatos argumentaban que las mujeres rebajaban los salarios de los trabajadores organizados y algunos creían que la solución era excluir completamente a las mujeres del trabajo y elevar el salario masculino para que los hombres pudieran mantener a sus familias. A mediados del siglo XIX en Gran Bretaña un sastre resumió los efectos del trabajo femenino como sigue:

"Cuando comencé por primera vez a trabajar en esta rama [cortado de chalecos], había muy pocas sastres empleadas en la misma. Unos pocos chalecos blancos se les daban bajo la idea de que las mujeres los harían más limpiamente que los hombres...Pero desde el aumento de los sistemas de vapor, amos y capataces han buscado por todas partes por manos que pudieran hacer el trabajo por menos que el promedio . Entonces se hizo a la esposa competir con el esposo, y a la hija con la esposa... Si el hombre no va a reducir el precio de su trabajo a aquel de una mujer, deberá permanecer desempleado".(4)

La política de excluir a las mujeres de ciertos sindicatos a menudo quedaba determinada por la competencia de bajar los salarios más que la ideología sexista, aunque la ideología también jugó un rol. En la industria del tabaco en los comienzos del siglo XX en Tampa en los EEUU, por ejemplo, un sindicato anarcosindicalista, La Resistencia, formado más que nada por emigrados cubanos, buscó organizar a todos los trabajadores a lo largo y ancho de la ciudad. Más de la cuarta parte de sus miembros eran mujeres que deshojaban el tabaco. El sindicato fue denunciado como antimasculino y antiamericano por otro sindicato, la Unión Industrial de Fabricantes de Cigarros que perseguía estrategias exclusivistas y que "muy renuentemente organizaba a las trabajadoras en una sección separada y secundaria del sindicato"


-Parte del texto redactado por Deirdre Hogan, para mas información solicitarme el documento en los comentarios 

EL VOTO FEMENINO EN CHILE 

                                                                                     
Un día 13 de abril de 1926,el Senado de Chile aprobó el voto femenino para las elecciones municipales y, aunque se trataba de una opción de alcance local, le brindaba a la mujer la gran posibilidad que por esos años tenía una muy escasa participación

- de participar en las decisiones ciudadanas de su comuna, ya que podía acceder a elegir al vecino que ella quería para dirigir a su ciudad.

Pese a que Chile había sido pionero en América Latina en otros aspectos relacionados con la mujer, como por ejemplo, permitir su ingreso a la Universidad (1877), respecto del derecho a voto, se había quedado atrás definitivamente y esta facultad para las mujeres recién se aprobó en forma incipiente, como decía al principio, en 1926, bajo la presidencia de Emiliano Figueroa Larraín.

Más adelante, en 1949, bajo la presidencia del radical Gabriel González Videla, la mujer vino a contar con la facultad más ampliada de poder sufragar para elegir parlamentarios y presidente de la república. La ley de sufragio femenino había estado durmiendo por casi diez años en el Congreso.

Las mujeres más osadas de esos tiempos se dieron cuenta que, sin participar en la esfera política, no tendrían oportunidad de avanzar y trabajar por sus pretensiones civiles.

A fines del siglo XIX, poco a poco, las mujeres comenzaron a abrirse paso y a insertarse, modestamente, en el mundo laboral, con oficios simples de telegrafistas, modistas, empleadas de comercio. Las máximas opciones eran ser matronas y profesoras. Esta última profesión se lograba egresando de la valorada Escuela Normal; desde ahí se egresaba como grandes maestras primarias y, naturalmente, al contar con otra visión del mundo y de la vida, fueron capaces de liderar movimientos a favor de la mujer.

Según la ley Nº 5.357, aprobada en 1934, incluía el derecho de la mujer a elegir y ser elegida para las elecciones municipales, siempre y cuando, “sepa leer y escribir”, entre otras disposiciones. En 1952, recién, las chilenas votan por primera vez en una elección presidencial

¿Qué nos dice la historia electoral en Chile respecto a las mujeres?. Los analistas políticos dicen que, en elecciones de tipo presidencial, desde que ellas tienen derecho a voto, han sido proclives a votar por los sectores conservadores. Por ejemplo, cuando se enfrentó Salvador Allende con Jorge Alessandri, el primero sacó una mayoría de votos entre los hombres, sin embargo, Allesandri ganó por mayoría relativa gracias al voto femenino.

Para 1964, cuando la disputa era entre Eduardo Frei, apoyado por la derecha conservadora, y Salvador Allende, el primero sacó el 56% de la votación nacional, pero entre las mujeres llegó a un 63%.

Otros factores que influyen en las mujeres al votar por un candidato, son la edad y la condición de jefa de hogar que puede tener la mujer votante. Aunque los efectos de estas variables no se han estudiado con detención, no es difícil suponer que las mujeres, en la medida en que se integran al mundo laboral, y eso ocurre en mayor proporción en las nuevas generaciones, adquieran nuevas expectativas. Respecto a las jefas de hogar, es lógico suponer que tienen una mayor predilección por candidatos que tiendan a asegurar un mayor bienestar social. 

La importancia de esto radica en el siguiente hecho: las mujeres son víctimas de diferentes tipos de segregación (social, económica, cultural, etc.) y durante muchos años no dieron cuenta ellas mismas de este tipo de problemas, salvo de manera aislada y elitista como el movimiento sufragista. 

Los mitos sobre el voto femenino se caen a pedazos a medida que pasan los años y los últimos en romperse de golpe son: 

1) “las mujeres no se interesan por la política” (en las últimas elecciones las mujeres constituyeron el 59,6% de los nuevos electores);

2) “las mujeres votan por conservadores (desde el plebiscito hasta la última elección presidencial las mujeres han votado más por la izquierda y la concertación que por la derecha; y 

3) las mujeres no votan por mujeres (en las últimas elecciones parlamentarias, del total de candidatas de la DC, el 83,3% recibe voto de género). 

Volviendo al voto femenino para elecciones municipales, vigente desde hace 85 años y, considerando el hecho que según las mediciones del Instituto Nacional de Estadísticas, son mayoría como población, no cabe duda que en sus manos tienen la importante decisión de elegir al jefe o jefa comunal que ustedes quieren para liderar su comuna, de allí el valor de este instrumento democrático para que ustedes se expresen en las elecciones municipales y, por supuesto, en las contiendas parlamentarias y del Ejecutivo, conscientes del poder que tienen en sus manos y en sus decisiones.

Con el tiempo, la mujer se sumó plenamente a la actividad política y no se conformó sólo con su derecho a votar, sino que también a ser electa como alcaldesa u otro cargo político y por eso, esta mañana, al simbolizar el voto femenino municipal, lo hago saludando a las alcaldesas que tenemos en Atacama, como Nora Rojas, en Alto del Carmen y Brunilda González, en Caldera.

Los hechos dicen que la paridad, en el número, aún no se hace realidad y, como muestra, tenemos sólo 2 alcaldesas y 7 alcaldes varones en la región; pero, hace 8 décadas, tan sólo pensar en esta posibilidad era una utopía. Lo importante es que se avanza y se seguirá acortando la brecha entre hombres y mujeres en los puestos públicos de elección popular. … Y pensar que todo esto es posible, gracias a una ley aprobada por el Congreso, hace 85 años, en un día como hoy.




Origen de la emancipación femenina

La emancipación femenina o liberación de la mujer tiene su origen desde finales del siglo XVIII, durante la revolución francesa, en donde se viene proponiendo la reivindicación de los derechos de la mujer o la igualdad de derechos entre los sexos como también la reivindicación por la igualdad legal, política, profesional, social, familiar y personal que tradicionalmente se le había negado. Entre una de esas la lucha por los derechos políticos de la mujer que se inició parcialmente durante la revolución francesa de 1789 en el cual  sus protagonistas denunciaron que la libertad, la igualdad y la fraternidad sólo se referían a los hombres. Teniendo una de las voces de protesta mas enérgicas que fue la de Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en 179, el documento escrito por Gouges reclamaba para las mujeres los mismos derechos políticos que disfrutaban los hombres, el sufragio entre ellos. No tuvo éxito. De Gouges, murió ajusticiada en la guillotina. Pocos años después. Napoleón, en su código legislativo, sometería a la mujer a una aún más estricta autoridad masculina. Pero el sufragio llegaría un tiempo después exactamente a finales del siglo XIX dando esto origen al feminismo del siglo XX y así a un sin fin de cosas